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Foto de los filetes rusos, el segundo plato del menú Rodrigo Ucero

Un menú en la Plaza del Milenio por menos de diez euros

La cafetería del edificio de usos múltiples es un lugar desconocido para muchos donde se puede disfrutar de dos platos y un postre

Viernes, 4 de abril 2025, 07:00

Entre los establecimientos que ofrecen menús del día en Valladolid se erigen lugares archiconocidos por los habitantes de la ciudad del Pisuerga, donde ir a comer se convierte en una apuesta segura en relación calidad-precio.

Aún así, siempre existen recovecos, lugares escondidos a simple vista que pasan desapercibidos para el transeúnte, que nunca se ha parado a investigar qué ofrecen.

Uno de ellos es la cafetería del Edificio de Usos Múltiples, ubicada en la Plaza del Milenio, uno de los emplazamientos más icónicos de la capital vallisoletana, que acoge la cúpula del mismo nombre. El restaurante se encuentra nada más entrar en el edificio a la izquierda, y presenta en una pizarra de las de toda la vida un menú del día por ocho euros y diez céntimos.

Tras acceder, encontramos un ambiente relajado, repleto de trabajadores que aprovechan tras finalizar la jornada para llenar el estómago y regresar a su casa sin la necesidad de cocinar nada, listos para enfocar su tiempo libre hacia donde ellos deseen.

La composición del menú

El menú de esta cafetería lo componen cuatro primeros, cuatro segundos y un postre, sin café, y un precio tan competitivo que es difícil encontrar un lugar más barato a tan sólo diez minutos caminando de la Calle Santiago.

El primer plato se trata de una ensaladilla rusa, un plato tradicional y refrescante para los días de calor. Contaba con los ingredientes básicos (dentro de las variaciones que admite la receta) como la patata, zanahoria, guisantes, pimiento y atún en escabeche que le daba un toque muy acertado. Todo, por supuesto, envuelto en una capa de mayonesa.

Unos filetes rusos completaban los platos del menú, hechos con una salsa rubia que les aportaba jugosidad y acompañados tanto de ensalada como de patatas fritas, completando así casi todos los nutrientes necesarios en una comida, culminando así el grueso del menú.

En cuanto al postre, no exsistía ninguno casero como tal, pero disfrutamos de una tarrina de helado de chocolate y vainilla que sirvió como guinda para un menú que, por algo más de ocho euros, superó todas las expectativas.

El servicio por su parte fue rápido y correcto, alternando tareas de restaurante con las de barra, en las que cualquier consumición se acompaña de una pequeña tapa.

Así, en pleno corazón de Valladolid coexiste dentro de todo el ajetreo laboral un lugar donde comer bien por poco dinero, convirtiéndose en un baluarte para los que tengan que comer fuera de casa sin comprometer su presupuesto.

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