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Están «peor que nunca». Al «borde» de un abismo que, dice el presidente de la Asociación Castellana de Elaboradores de Piñón (Acep), Rodolfo Padrones, no sabe si podrán sortear. Porque el sector piñonero roza la desaparición. El codiciado piñón que desde hace décadas sitúa a Valladolid como una de las principales productoras del país está en peligro de extinción. Este año, por primera vez no hubo cosecha. En Castilla y León, entre noviembre y abril, no se recogió ni una sola piña. Las plagas son las culpables de ello. Desde hace aproximadamente ocho años, hay una chinche americana –denominada 'Leptoglossus occidentalis'– que ha ido paulatinamente mermando la cosecha de piñas y el rendimiento de piñón hasta llegar a la situación «límite» con la que las decenas de empresas y autónomos que se dedican al sector se toparon este año. La segunda plaga que afecta a los pinos es la oruga procesionaria.
De hecho, las únicas que durante estos meses «han funcionado algo» han sido aquellas que optaron por la importación de piñas de Andalucía o Portugal para poder salir adelante. El resto, incide Padrones, «nada de nada». «De aquí no se ha sacado absolutamente nada. Solo han trabajado seis o siete empresas, la mayoría –de un total de unas cuarenta, todas localizadas en la provincia de Valladolid, principalmente en el entorno de Pedrajas de San Esteban– hemos tenido que reinventarnos para poder sobrevivir», reconoce el presidente.
Los trabajadores del sector piñonero han tenido que «reformarse» hacia otro tipo de actividades, principalmente la resina y la madera, «porque nadie es capaz de vivir seis meses sin un sueldo». No obstante, esta 'fuga' hacia estos sectores es temporal. La «intención» es dejar estos empleos y regresar a los pinares en noviembre. «Es lo que sabemos hacer, no queremos dejar morir tan fácilmente al sector, llevamos muchos años luchando», afirma.
Todo, pese a que la próxima campaña se prevé «muy floja». No será nula como esta, pero no permitirá a los jornaleros vivir de ello. «Se calcula que en Castilla y León será del 3% o 4%, en vez de cero. Sigue siendo nada, insuficiente para mantener el sector, pero ahora ya vemos las piñas, cosa que el año pasado a estas alturas era prácticamente imposible», subraya. «Supone que en vez de trabajar seis meses, lo haces veinte o así; ya no se puede vivir de las piñas, ni se podrá hacer a corto y medio plazo. No queda más remedio que buscar otra cosa para al menos poder salir adelante», continúa.
El alcalde de Pedrajas de San Esteban, Alfonso Romo, asegura que la desaparición del sector provocaría «grandes daños» en el municipio vallisoletano, epicentro de la industria piñonera. «Que no haya habido campaña es una mala noticia para el crecimiento y desarrollo del pueblo, así como para el asentamiento de población», comenta Romo, quien anticipa que desde hace cinco años, momento en el que llegó a la Alcaldía, ha detectado una reducción gradual en el número de empresas. «No ha sido de golpe, sino poco a poco», añade.
Esta crisis sin precedentes en el sector piñonero ha traído consigo como consecuencia, además, el cierre de empresas de las que se desconoce si volverán a la actividad. Concretamente, apunta Amelia Pastor, gerente de Piñonsol, una cooperativa enclavada en Pedrajas que surgió para «aunar fuerzas y defender el sector» en vista del incremento de la presencia de las plagas, se ha llevado por delante «a más o menos la mitad». «Muchas han cerrado, y ahora estamos en un punto en el que el sector se tiene que reconvertir», señala la representante, al tiempo que admite que la situación es «muy complicada». «Las plagas nos están matando; llevamos desde 2013 denunciando esta realidad, y estamos en 2020 y aún no hay soluciones. ¿Qué sector aguanta siete años sin ayudas y muriéndose poco a poco? Ninguno», critica.
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Hace ocho meses, a mediados de noviembre, cuando los piñeros deberían echarse al bosque para recolectar piñas, propietarios y ayuntamientos de la provincia que poseen masas forestales de pino piñonero, así como representantes del colectivo que aglutina a las empresas elaboradoras y comercializadoras del producto, además de técnicos de las Diputaciones de Valladolid y Segovia, se reunieron en Pedrajas para analizar la crítica situación y acordaron la creación de una asociación que aglutine a todos los agentes implicados. Sin embargo, la covid-19 frenó su constitución y es ahora cuando está previsto que se formalice la creación de la plataforma. «Yo creo que ayudará al sector;hemos trabajado mucho en ello», sentencia el presidente de Acep.
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