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La tienda cuyo cierre denuncia la «extinción» del pequeño comercio: «No podemos vencer a las compras online»Sonia Hernando llegó a Valladolid con un sueño. «Un comercio de barrio que tuviera el consumo consciente y sostenible como eje principal». Esto se materializó ... en junio de 2020 en MiGiraluna, una tienda de ropa infantil que tuvo su primera sede en la plaza del Salvador y desde hace dos años en la calle Santuario. El impulso de su sueño, que arranca con lanzarse y tener una tienda propia, quizá es el mismo que tuvieron los comerciantes de otros muchos pequeños negocios de la capital.
«Han sido años muy gratificantes, hemos tenido la oportunidad de sentirnos parte del barrio, de dar vida a sus calles y de conocer a personas maravillosas». Sonia lo dice en pasado, porque ese sueño personificado en esta tienda bajará la persiana previsiblemente en septiembre. «Este es mi caso, pero es la realidad que vive el pequeño comercio», afirma.
Con esta idea, la dueña colgó hace unos días un cartel en la puerta de su negocio. Un alegato a favor de las tiendas de los barrios y donde denuncia uno de los principales motivos que han llevado al cierre de la suya. «No hemos podido vencer la corriente de la moda rápida y las compras online». Corto y claro, así inicia el texto que, tristemente, adorna ahora la entrada al local.
«Nosotros llegamos en una época complicada, plena pandemia, y poco a poco nos dimos cuenta de que necesitábamos más visibilidad, por el Salvador no pasaba mucha gente e hicimos la mudanza hasta Santuario», recuerda. Allí han sido vecinos de varios comercios que con los meses también se han visto forzados a echar el cierre, como la librería La Gata y la luna, ubicada unos portales más abajo.
«Cuando se cierran los negocios, las calles pierden color, es como que pierden vida. Si se sigue así, la imagen será de locales vacíos a pie de calle o que se han transformado en viviendas». Su visión no está para nada alejada de la realidad de la ciudad, porque hace tres años, Valladolid sumaba un centenar de espacios comerciales, antiguas tiendas y negocios que desde 2019 se habían reconvertido en casas. «Sin el pequeño comercio los barrios se convierten en lugares más inseguros, solitarios y aburridos. ¿Es esto lo que queremos para Valladolid?», se pregunta en el texto. La dueña del negocio explica que decidió escribir el alegato con un objetivo claro. «Concienciar sobre la importancia de los pequeños negocios». Eso e intentar aportar algo a la lucha contra las compras online.
«Nuestra pequeña tienda apostó por un mundo más verde con ropa ecológica y juguetes que respetan nuestro planeta y no ha logrado sobrevivir», prosigue el texto. Sonia apunta también al cambio de las tendencias de consumo y cómo estas han afectado a los comerciantes en favor de las tiendas online y los centros comerciales.
«Las ventas por internet se incrementaron desde la pandemia y es una tendencia que desde entonces no ha parado. A nosotros nos ha pasado y la situación hace que no consigamos los volúmenes de ventas necesarios para poder seguir», lamenta. Pero el cierre no hace que la dueña rehuya del sueño que la llevó a Valladolid en 2019. «La cercanía con los clientes, el proyecto que hemos hecho, el esfuerzo, no podría estar más contenta con estos años», asegura.
El primer contacto de Sonia con Valladolid ocurrió en 2018, en una semana de turismo por la capital vallisoletana enmarcada en los 18 años en los que vivió en Bruselas. «La ciudad nos enamoró -a ella y su marido-, las zonas peatonales, las conexiones y decidimos vivir aquí», recuerda.
Todo ello, a pesar de que su primera visita estuvo protagonizada por la lluvia. Eso no fue impedimento para que un año después se oficializara su traslado a Valladolid desde la capital belga. Ahora, las ventas online, sumado al auge de la moda rápida, obligan a clausurar la tienda.
No cerrará el local, según la idea que la propietaria tiene en mente. Transformar el negocio para acoger talleres para adultos y familias. «El negocio es un proyecto bonito que nació con tres patas. Los juguetes de madera, la ropa orgánica sostenible y los talleres. Los hemos hecho de acuarela, reciclaje textil o de crochet.
La idea es seguir con ellos una vez cierre el negocio para seguir de alguna forma presentes en el barrio», explica. Hasta entonces, MiGiraluna seguirá abierta. En la puerta, ese manifiesto que define la situación de su sueño y el de otros emprendedores de Valladolid.
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